Einstein y Darwin contestan “Sí”
La mayoría de nosotros creemos que la existencia de Dios es un asunto demasiado grande para que nosotros, pequeños seres humanos que somos, lo decidan. Después de todo, no tenemos las mejores mentes del mundo—hay personas más inteligentes que nosotros, ¿qué opinan ellos? ¿Einstein, por ejemplo? Aquí están algunas de sus propias palabras: “Mi religión consiste en una admiración humilde del Espíritu superior sin límites quien se revela a si mismo en los detalles pequeños que podemos percibir con nuestras mentes debiluchas. Esa convicción profundamente emocional de la presencia de un poder de razonar superior, que se revela en el universo incomprensible, forma mi idea de Dios. ”1
Ah, pero ¿no es cierto que Darwin demostró hace tiempo cómo el orden del universo podía explicarse por la evolución—aparte de Dios? No, no lo hizo—aquí está la manera que Darwin concluye “El origen de las especies, “Hay una grandeza en esta vista de la vida con sus multiples poderes, habiendo sido soplado originalmente por el Creador en unas pocas formas o en una; y que, mientras este planeta ha seguido en sus ciclos según esta ley fija de la gravedad, de un comienzo tan simple, formas inumerables, bellos y maravillosos, han sido, y están siendo evolucionados.”2
¿Por qué dice Huxley “que no”?
Para Darwin, tanto como para Einstein, la evolución de un universo ordenado sólo era factible si alguna Mente inteligente había diseñado el proceso evolucionario. Pero ¿por qué entonces los demás gran intelectuales no creen en Dios? Porque otras presuposiciones irracionales interfieren con el funcionar lógico de la mente. Aquí está la confesión franca del agnóstico Aldous Huxley: “Tenía yo motivos para no querer que el mundo tuviera sentido; como consecuencia presumía que no lo tenía, y pude sin dificultad alguna hallar razones satisfactorias para esto. El filósofo que no halla sentido en el mundo no está preocupado exclusivamente con un problema de pura metafísica; él se preocupa también de comprobar que no hay razón válida por qué él personalmente no debiera hacer tal y cómo él quiera, o por qué sus amigos no debieran de agarrar el poder político y gobernar en una manera que hallan de mayor ventaja para ellos mismos….Para mi mismo, la filosofía de falta de sentido era esencialmente un instrumento de liberación sexual y politica.3
¿Está usted siendo friamente intelectual?
Obviamente, hay otro factor aparte de la razón que puede influenciar la mente humana mientras esta refleja si hay un Dios o no—ese factor es la voluntad. Muchos de nosotros que profesamos contestar esta pregunta puramente intelectual en una manera fría y calculada estamos concientes, cómo lo estuvo Huxley, que ésta no es una pregunta sin consecuencias que estamos al punto de contestar, sino una pregunta cuya respuesta va a afectar cada aspecto de nuestras vidas. Llega a ser chocantemente obvio que, si concluimos que hay un Dios, estamos lógicamente constriñados a someter el control de nuestras vidas a su voluntad, y la mayoría de nosotros no queremos eso.
Así que, es justo notar que los gigantes intelectuales de nuestra era han concluido que hay un Ser Supremo, y las implicaciones emocionales y de la voluntad han descubierto prejuicios en algunos de los intelectuales quienes niegan la existencia de Dios.
Sin embargo, el parecer predominante a través de los siglos ha sido el de una antigua cinceladura en la Mesopotamia con fecha de 4000 a.c.: “Un hombre debe obedecer detodo corazón el mandamiento de su dios..” Sea Platón en 400 a.c. o Mao Tse Tung hablando con el subsecretario estatal estadounidense en 1977 d.c., creencia en la existencia de un dios reside en el hombre. No importa lo primitivo que sea el pueblo, no importa lo lejos de la civilisación esté su país, hay en todo lugar una presunción no hablada que Dios era responsible para la existencia del mundo, y se le ofrecen adoración y respeto en algún tipo de systema ritual o sacrificial.
¿Por qué hay orden y diseño en el universo?
¿Por qué es tan general y natural en la humanidad esta creencia en la existencia de un Ser Supremo? Porque todos los seres humanos, sean intelectuales como Einstein o miembros de una tribu primitiva, tienen la misma reacción cuando ven un objeto como una montaña o un planeta—se preguntan quién lo puso ahí. De hecho, se requiere alguna forma de indoctrinación para que no hagan esa pregunta. De otro modo, sus mentes demostrarán la misma clase de razonamiento causa y efecto que utilizan en las circonstancias de su vida cotidiana. En otras palabras, la gente cree que la existencia de un Creador es la explicación más probable para la existencia del universo.
Por ejemplo, ¿cuál sería su reacción si salió usted de su casa un día y encontró un Mercedes de oro sólido estacionado en la entrada? ¿Entraría usted de nuevo en la casa y decir, “¿Me pregunto cuál explosión haya podido crear ese auto que está afuera?” Mucha gente en países donde hay guerra y conflicto, le podría corregir en cuanto a preguntas sobre si las explosiones son creativas o destructivas. O ¿pensaría usted de immediato: “¡Este Mercedes obviamente ha aparecido a causa de la generación espontánea de alguna sustancia en el proceso de descomponerse!”? O ¿concluiría usted: “¡Obviamente, este Mercedes ha evolucionado de un Volkswagen Beetle”?
Usted sabe que no respondería en ninguna de esas tres maneras. Diría simplemente, “¡Me pregunto quién dejó ese carro ahí!” Ninguno de los otros comentarios explica cómo llegó a ser el Mercedes. Son simplemente hipótesis de cómo alguna cosa explotara una vez que hubiera algo para explotar, o cómo la generación espontánea ocurriera una vez que hubiera algo para descomponerse, o cómo alguna cosa evolucionara una vez que hubiera algo para evolucionarse, pero ninguna de estas teorías quita la necesidad de contestar la pregunta básica: “¿Quién o qué es la causa principal original del universo?”
¿Es Dios un “ello” o un “él”?
Pero ¿por qué, de hecho, se nos ocurre preguntar “quién” en vez de “qué”? Si sale usted una mañana de su cuarto y encuentra un hueso en el piso, su reacción no sería: “Ahhh, ese caníbal de mi hermano ha estado otra vez comiendo alguien.” Sería simplemente: “¡Ese perro!” Lo mismo si encuentra una hoja de papel con una ecuación simultánea en un lado y una cita del “Paraíso Perdido” en el otro, su reacción no sería, “Ahhhh, ¡ese perro sigue dejando sus tareas en el piso!” Diría simplemente, “Mi hermano ha perdido parte de su tarea.”
En otras palabras, el orden y el diseño del universo parecen ser producto en una mente que no sólo es inteligente, sino personal. ¿Puede un objeto sin vida como una roca crear un objeto con vida como una flor? ¿Puede un perro crear un hombre? ¿Puede un elán vital impersonal crear 5 billones de personas, cada una diferente, con mentes y emociones que todavía no podemos duplicar aun con toda la tecnología que tenemos? Si usted encuentra un reloj en la playa, concluye que tiene que haber un relojero—alguien que entiende las complejidades y tolerancias precisas necesarias para diseñar un reloj. De igual manera, cuando usted percibe las actitudes y reacciones complejas de las multiples personalidades que le rodean, usted concluye naturalmente que el Creador quien nos hizo tiene que ser, por lo menos, igualmente personal como nosotros lo somos. Así que, hay ciertos indicios en la orden y diseño del universo que sugieren la probabilidad fuerte de un Creador quien es una Persona.
¿De dónde vienen la conciencia y la moralidad?
Hay otro hecho maravilloso de nosotros los seres humanos que fuertemente sugiere que hay una Mente Personal trás nuestra creación. La mayoría de nosotros estaría de acuerdo que el estado presente del mundo demuestra claramente que nostros los humanos hallan más facil el hacer el mal que hacer el bien. Obviamente, es más facil enojarse que guardar la calma; es natural exigir que se respeten nuestros derechos y lograr que las cosas se hagan a nuestra manera, no importa cómo esto afecte a otras personas. Peleamos contínuamente—internacionalmente, nacionalmente, socialmente; cuánto más grande la ciudad, tanto más se convierte en jungla. Personalmente, hallamos más facil criticar a los demás que de congratularles, de buscar nuestros propios intereses en vez de las de ellos. Mas, a pesar del hecho que hacemos todas estas cosas con facilidad, todavía decimos que son malas.
¿Por qué decimos que el egoísmo está mal? ¿De dónde viene este sentido de bien y de mal? Es seguro que es una molestia—produce en nosotros la culpabilidad y a menudo nos induce hacer cosas que no son provechosas para nosotros. ¿Por qué un grupo de criaturas en constantes peleas pensaría que sus conflictos, peleas y egoísmo son malos a menos que un Ser, mejor que ellos, los haya creado con un sentido de obligación moral—una conciencia?
Es muy difícil llamar este sentido un instinto, porque a menudo actúa como juez entre los impulsos del bien del grupo y los de preservación personal, como cuando uno se enfrenta con una persona que se está ahogando. No es sencillamente lo que hemos sido enseñados desde la niñez de estimar como bien, porque hay una universalidad de la conciencia que no se explica sólo en términos de educación; ninguna tribu, no importa lo primitiva que sea, estima el egoísmo y la cobardía como virtudes. Este sentido moral no es simplemente un comportamiento que nos conviene o que nos recompensa, porque es a menudo muy inconveniente y nos cuesta caro. ¿Por qué deberíamos sentirnos obligados de hacer lo que beneficia a nuestro vecino o lo que preserva la sociedad cuando hallamos más fácil adelantar nuestros propios intereses sobre los del vecino o de la sociedad?
La explicación más lógica y más probable es que no estamos en un sistema cerrado, sino que hay un Ser Personal quien tiene aspiraciones más altas para nosotros que las que naturalmente seguimos, y que nuestra conciencia todavía recibe señales del espacio.
¿Hay un Dios? Eso parece la explicación más probable para el orden y diseño del universo, nuestras personalidades, y la existencia de la conciencia. Tal evidencia circonstancial no comprueba la existencia de Dios, pero hace que la fe en la evidencia empírica de ciertos fenómenos del primer siglo más razonable.
Quiero saber más acerca de Dios, ¿nos ha hablado alguna vez?
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